Evitemos un Genocidio Económico y Humano

Es inadmisible que el gobierno proponga la entrega de “derechos a perpetuidad” del agua. Llamo a todo el Congreso y a la ciudadanía a reflexionar profundamente sobre un cambio constitucional, donde todos nuestros recursos naturales sean de la ciudadanía, y el Estado sea un garante de dichos derechos. Esto lo he propuesto en Chile por años. El agua afecta a toda la ciudadanía como a todos los servicios eco-sistémicos. No menos importante es que el agua es fuente de riqueza y pobreza, tanto a nivel mundial como nacional.

A Nivel Mundial

Hay una serie de preocupaciones sobre el agua dentro de su contexto global: en el planeta hay más de 1.000 millones de personas que no tienen acceso al agua potable; cerca de 3.000 millones de personas no tienen acceso a saneamiento; una de cada cuatro personas menores de 5 años muere de enfermedades que se transmiten a través del agua; dos tercios de las personas que no tienen acceso al agua limpia ganan menos de un dólar al día, lo que indica una convergencia entre la falta de agua y la pobreza. El Foro Económico Mundial ha declarado que el déficit de agua es el segundo riesgo global de mayor impacto.

Importancia A Nivel Nacional

Chile se está secando. Desertificación y escasez hídrica en un 73% del territorio nacional. La disponibilidad de agua por persona, en promedio, es de 53.000 m3/persona, mientras que a partir de Santiago al norte es de 800 m3/persona. La escasez está justa donde la minería hace presión y se apodera de agua. El consumo mínimo de agua según la ONU es de 2.000 m3/persona.
El agua es un ente vivo y de vital importancia para todas las formas de vida en nuestro planeta. La crisis del agua tiene una expresión en el espacio y el tiempo. Donde el agua desaparece, también desaparece la vida en sus múltiples expresiones. Chile está al borde de una gran crisis de agua y no se está haciendo lo necesario para evitarla. Todos sabemos que mientras más profunda sea la crisis, más profundas deberán ser las soluciones. Evitemos la violencia.

La escasez del agua tiene un costo económico, humano, social y espiritual inmenso. ¿Cuántas personas en nuestro país están sufriendo estos costos, o más? ¿Qué vamos a hacer como país? ¿Cuándo vamos a actuar como un colectivo que está decidido a resolver este gravísimo problema, que además se manifiesta a través de la desertificación, la erosión de suelos frágiles, y tantos otros fenómenos ecológicos?

El cambio climático está aquí, ahora, y está dispuesto a quedarse con nosotros. ¿Acaso estamos esperando una crisis profunda que se manifieste en conflictos de toda naturaleza entre nosotros para hacer algo radical y definitivo? La mayor parte de los conflictos bélicos en el mundo están motivados por la escasez de recursos naturales y principalmente por el agua. ¿Por qué no hablamos de esto, de la cantidad y de la calidad de nuestras aguas?

Así como queremos una nueva constitución para Chile, el agua representa la esencia de la constitución que abraza a la ley natural. En Chile, estos recursos se contaminan por las aguas servidas, residuos industriales y mineros (terrestres, líquidos, sin previos tratamientos, descargas de tipo agrícola y forestal), constituyendo una gran amenaza a nuestra salud y bienestar. Ya se siente que el valor del agua es mucho mayor que el del petróleo. La próxima gran crisis mundial y de nuestro país será la crisis del agua. Lo paradojal de esta crisis en nuestro país es que se menciona que Chile posee la segunda reserva de agua dulce más grande del mundo. De allí la importancia capital de tener una política de agua eficaz a todo nivel. El agua es un recurso natural escaso del cual depende toda nuestra competitividad económica y social. Tanto la minería, industria y agricultura dependen del agua. Pero más importante aún es la dependencia que tienen nuestras familias, barrios y ciudades del agua.

La solución sustentable a esta crisis de agua va mucho más allá de un debate economicista o legal del agua. Con esto no quiero decir que los aspectos económicos y legales del agua no sean importantes. La crisis que hoy vemos en Chile podría haber sido evitada si tuviésemos una verdadera política nacional de aguas con la participación de todos los sectores de actividad económica y social. Una política clara dentro de un consenso ciudadano. No podemos decir que el único factor responsable de nuestra crisis de agua es el cambio climático. Al usar el término “cambio climático” estamos diciendo simplemente que “nadie es responsable”. Pensar que “la naturaleza” es a quien tenemos que culpar sería, en mi opinión, irresponsable. Esta postura no posee ni la sabiduría que necesitamos para resolver este gran desafío, ni representa un mensaje operacional para atacar un problema que va a agudizarse cada vez más. Necesitamos un nuevo compromiso político ciudadano.
Se siente una falta de compromiso político con el futuro de nuestro país. Confrontar y resolver esta crisis demanda un cambio profundo: (i) De mentalidad económica y social: naturaleza del recurso, asignación en usos alternativos, asignación de su valor y uso actual del agua. (ii) De gobernanza institucional y organizacional: derechos de propiedad y administración. (iii) De estilos de vida: ahorro y no desperdicio de agua. En su última expresión, resolver esta crisis demanda un aumento significativo de nuestra conciencia individual y colectiva. Pero, ¿estamos dispuestos a cambiar?

El Modelo Económico

Los empresarios piensan que esto no es un tema económico. Como si no hubiese ninguna relación con la implementación del modelo neoliberal de desarrollo económico, humano y social. El mal manejo del agua significa grandes pérdidas económicas, humanas y sociales. En el pasado el agua era un recurso abundante, y por lo tanto no se veía como una limitante al desarrollo. Hoy en día, al menos el 3,3% de la canasta de consumo hace uso directo de agua. Y una proporción significativa de esta canasta hace uso indirecto del agua (vivienda, energía). Es decir, si crece ese consumo, habrá mucha más demanda de agua. Esto nos está llevando a una “Inflación Estructural”: falta de agua implica mayores precios. Por ello, ha llegado el momento de ponderar el objetivo de crecimiento económico de Chile y su composición sectorial, con objetivos sociales, ambientales y por qué no decirlo, humanitarios.

Es importante notar que la limitante al crecimiento económico chileno no es de carácter tecnológico, sino que es biológico. Esto implica la necesidad de un gran manejo y conservación de nuestros recursos. Nuestra economía está basada en nuestros recursos naturales. Uso consuntivo del agua como la agricultura y no consuntivo del agua como la generación de energía hidroeléctrica. Sin embargo, la discusión no termina simplemente con la oferta y demanda de agua, o de la cantidad y calidad del agua. Hay importantes determinantes del acceso, uso y manejo de nuestros recursos de agua que tienen que ver con los derechos. Un asunto ciudadano, jurídico, institucional, etc. Como ejemplo preliminar, hay que hacer notar que los derechos de propiedad sobre el uso no consuntivo están en manos de empresas extranjeras.

El agua es de uso múltiple: muchos sectores y muchos actores. También, el agua tiene una localización geográfica precisa. La reforma del código de agua afectará de forma severa no solo a los regantes agrícolas sino también a los pescadores artesanales. La escasez hídrica no solamente afecta a los seres humanos sino a todas las formas de vida que habitan en nuestro país y en el planeta.

Manejo del Agua

El agua es un recurso natural muy escaso y esta escasez del recurso genera un “valor” importante: mientras más escaso, más alto es ese valor. Relacionado con la escasez, este valor transforma el agua en una gran fuente de riqueza. Los que tienen agua se enriquecen y los que no tienen agua se empobrecen. Dicen que el agua va a valer más que el petróleo, el oro, y otros metales preciosos. Hay que considerar la “cantidad” y la “calidad” del agua. Los conflictos por el agua nacen para defender una fuente de riqueza o evitar un camino de pobreza. No es sólo beber, regar, o generar energía. Por lo tanto, las políticas de acceso, distribución, uso y manejo del agua afectan los niveles de bienestar y riqueza de las personas envueltas. Esta es la razón por la cual los conflictos derivados del agua son tan violentos.

Escasez del Agua

El valor del agua puede expresarse en términos financieros, económicos, humanos o sociales. En términos económicos, esto es equivalente a su costo de oportunidad: el valor del agua en los usos alternativos. Si, por ejemplo, la minería se queda con la mayor parte del agua, el costo para la minería no es sólo el costo de extraer el agua sino también el costo que genera la falta de agua en otros usos: los hogares, la industria, el turismo, los regantes agrícolas, la pesca artesanal, el caudal ecológico, el paisaje, la recreación, lo sagrado, etc.

Hay que agregar los impactos ecológicos por la pérdida de glaciares, la disposición inadecuada de los relaves, la contaminación de aguas subterráneas, etc. El agua tiene usos múltiples, alternativos, y jerarquizables. Esto conlleva una multiplicidad de actores, que exigen establecer prioridades. Cualesquiera sean las prioridades adoptadas –económicas, políticas, sociales– ellas no son neutras en relación al bienestar y riqueza de dichos actores: benefician a unos y perjudican a otros.

Derechos de agua

La mayoría de los problemas que observamos tienen su raíz en el sistema de propiedad (derechos) y la soberanía económica y de sustentabilidad del agua. En este sentido, he dicho primero, que el agua es de todos los chilenos y segundo, que ella es un bien público estratégico. Lo primero, demanda de un cambio constitucional de fundamental importancia ya que por ahora se dice que el agua es del Estado. Hay que hacer una reforma constitucional para que el agua y todos nuestros recursos naturales sean de todos los chilenos. No hay duda que el agua puede ser administrada por el Estado u otro agente económico, pero en representación de la ciudadanía. El agua nos pertenece y debemos tener el poder ante la ley y las costumbres para exigir y demandar al Estado, si fuese necesario, por falta de una buena administración. Hoy, somos espectadores y eso tiene que cambiar. Lo segundo, demanda entender al agua como bien público; pero sabemos que el Estado ha privatizado el agua y esto tiene que ser evaluado y cuestionado detalladamente. En mi opinión, el agua debería estar en manos del Estado y ella NO debe ser definida y administrada como un bien privado. Este retorno al agua como un bien público hará la diferencia a millones de chilenos afectados por una deficiente administración y unos elevados costos de acceso a un bien que les pertenece. Y en esto, no solamente incluyo a los particulares, sino también a las empresas y entidades que hacen uso del agua. El agua es un bien público que debe tener una gobernancia de bien público, donde quiera que ella sea asignada, usada o administrada.

No es posible que la industria utilice y contamine el agua sin pagar el verdadero valor de ésta. No es aceptable que proporcionalmente una familia pobre pague más por litro de agua consumido que una empresa. En mi opinión, el agua debería estar en manos del Estado y ella no debe ser ni definida, ni administrada, como un bien privado. La reforma del Código de Aguas ha generado mucho debate ya que su contenido actual es insuficiente para abordar las situaciones de muchos actores, con necesidad de este recurso escaso, incluyendo generaciones futuras. Varios temas fundamentales: (i) de quién es el agua, el carácter individual y social del agua, (ii) cómo deben asignarse los derechos sobre el agua, (iii) cómo definir prioridades especialmente en tiempos de mucha escasez, (iv) cómo asignar o revocar los derechos de agua, (v) cuáles son las instituciones relevantes, (vi) cuál es la mejor forma de gobernabilidad del agua, (vii) qué pasa cuando alguien posee un derecho y no la usa, (vii) existencia de otras formas de derechos y qué criterios se deben aplicar, etc.

Un pequeño alcance sobre la “asignación de derechos”. Para asignar derechos se debe definir primero el carácter individual o colectivo del agua. En mi opinión, el agua nos pertenece a todos los ciudadanos y el Estado debe ser un garante de esos derechos. El agua tiene un carácter eminentemente social y colectivo, como todos los recursos naturales de Chile. La asignación de derechos debe estar intrínsecamente relacionada con su carácter social, y con los objetivos que se están persiguiendo al asignar derechos de acceso y uso.

También, quisiera enfatizar que la asignación de un derecho privado no asegura per-se la disponibilidad del agua. Puede ser condición necesaria pero no suficiente. Nos debemos preguntar: ¿Cuáles son los criterios a definir para la asignación de dichos derechos? ¿Es garantizar la accesibilidad al recurso, es garantizar la eficiencia en el uso?, ¿Es definir un criterio de distribución, u otros? Hoy, no hay claridad sobre el criterio que debe primar y, por lo tanto, veo que la asignación de los derechos representa fundamentalmente una distribución del poder y una protección de la riqueza de aquellos que son sujetos de dichos derechos. Pero, hay que ir muchísimo más allá.

La asignación de derechos privados no representa la única solución a los múltiples objetivos que estamos abordando hoy en Chile. Eso no altera un debate serio y maduro sobre el derecho consuetudinario y las garantías que se deben dar a aquellos que han sido beneficiados por un régimen de derecho. Cualquiera sea la solución, esta debe ser complementada con arreglos institucionales importantes (incentivos, organizaciones, reglamentos, leyes…). Será el poder de los actores el que asegurará el acceso al agua. Un sistema de derechos, sin actores empoderados dentro del sistema de gobernabilidad es una falsa promesa de bienestar. Todo lo anterior debe ir acompañado de: un plan de manejo y conservación de cuencas, un programa de ordenamiento territorial, un plan de manejo y conservación de las aguas, un programa de descontaminación de todas las aguas, un plan de desarrollo del secano costero (aguas subterráneas) …

El agua es un bien que no fue creado por el ser humano y, por lo tanto, nos pertenece a todos, incluyendo las generaciones futuras y todas las formas de vida que co-habitan aquí. Hay que ser transparentes en relación a cómo los sistemas de derecho crean y aseguran riqueza para algunos y no para otros. Los criterios de asignación de los derechos deben ser definidos en forma consensuada (propiedad, acceso, seguridad, eficiencia…). Evitemos la violencia y los conflictos en la lucha por la riqueza o pobreza que genera la propiedad del agua. Mucho aún por definir.

El Valor y Costo del Agua

El agua es un bien escaso y por tanto tiene un valor. ¿Cómo definimos ese valor? ¿Qué objetivos están detrás de esa definición de valor? No debemos tomar decisiones basadas solamente en la ley de la oferta y la demanda, sino en algo más esencial como es el ámbito de lo humano, social y medioambiental. Como un bien público escaso, el agua debe ser valorada, y dentro de esta valoración hay que tener en cuenta las dimensiones de equidad y sustentabilidad. En este sentido, es importante decir que (i) no es posible que la industria utilice y contamine el agua sin pagar el verdadero valor de esta agua, y que (ii) no es aceptable que proporcionalmente una familia pobre pague más por litro de agua consumido que una empresa. Esto debe cambiar. El gobierno tiene la obligación de mostrar cómo los diferentes actores pagan por el valor del agua y los costos más relevantes:

  • El Costo Medioambiental. Hay que pagar por el costo de la descontaminación del agua. En este caso parece esencial que usemos el principio sustentable de: “el que contamina paga”. Esta debería ser nuestra filosofía, y no hacer pagar el costo de descontaminación a los que no la contaminaron.
  • El Costo Social. La contaminación del agua es fuente de grandes inequidades e injusticias, y responsable de docenas de enfermedades que aquejan fundamentalmente a las familias pobres. No puede ser que este bien público escaso esté siendo administrado y valorado como un bien privado, maximizando el lucro de un grupo económico.
  • El Costo de Integración. En particular, el problema del agua que nace de cualquier cuenca hidrográfica no se debe tan sólo a las lluvias tropicales fruto del cambio climático, sino a la forma como tratamos a nuestras montañas, incluyendo la sobre-explotación de los bosques, la falta de reforestación y protección de las cuencas hidrográficas, la urbanización no planificada, etc.
  • El Estado es Responsable. El Estado es quién decide, licita y asigna los derechos de agua. Las actividades económicas en general y las empresas de agua potable en particular, no solamente deben tener acceso al agua, sino ser responsables de todas las partes altas de las cuencas en donde esta agua nace.

La Tecnología

Chile debería tener una organización nacional que monitoree e implemente los adelantos tecnológicos que aumenten la eficacia, eficiencia, equidad y sustentabilidad en el manejo de nuestros bienes públicos.

Nuestras Montañas

Deberíamos crear un programa nacional para el manejo y uso de nuestras montañas y cordilleras, que incluya a todos los ministerios. Nuestras montañas no solamente son una fuente de agua, fertilidad de toda nuestra agricultura e industria, fuente de vida de todos los chilenos, sino también, son el hilo conductor de todas las formas de vida que existen en nuestra nación. Particular importancia se le debe dar a la conservación de nuestros glaciares y bosques nativos. Por ahora vemos nuestras montañas como algo sin mucha utilidad excepto cuando descubrimos algo (minerales) y lo explotamos al máximo.

Elementos Importantes Para un Código de Agua

En el preámbulo de éste debe haber una nueva definición de lo que constituye el elemento agua en nuestras vidas como chilenos. El agua no debe ser considerada solamente un factor de producción, o algo inerte, de corte material, sino debe ser reconocida como un elemento fundamental de todas las formas de vida que existen en nuestra nación.Este Código debe establecer claramente que se trata de algo que tiene su propia divinidad y por lo tanto que debe ser respetada y protegida. El preámbulo es de un carácter fundamental ya que el elemento agua condicionará nuestro bienestar material y espiritual como ciudadanos.
Hay muchos otros elementos a considerar. Se requiere hacer una profunda reflexión sobre cómo la política fiscal podría contribuir a solucionar esta crisis del agua y no a profundizarla: inversiones públicas, asignaciones presupuestarias, ingresos fiscales (impuestos, derechos de agua), fiscalización, productividad fiscal, selección de instrumentos de intervención, etc.l

La Crisis de Agua

Esta crisis es importante ya que:estamos poniendo en riesgo a todos los chilenos; estamos destruyendo nuestra competitividad económica; y estamos poniendo a disposición de un mal manejo toda nuestra identidad como país y como nación. La modificación del código representa una condición necesaria pero no suficiente para resolver el problema del agua. La condición suficiente es un cambio de conciencia colectiva de todos los actores sociales envueltos, respecto a la naturaleza del agua en nuestras vidas, y a los costos sociales, humanos y medioambientales a los que está siendo sujeta la ciudadanía por falta de cantidad y calidad de agua. La situación que vivimos hoy reclama una estrategia y unos derechos inmersos en formas justas de soberanía ciudadana. Legislar es importante pero la legislación debe estar acompañada de mecanismos de interacción ciudadana –información, evaluación de riesgos, negociación colectiva, empoderamiento municipal, que protejan los derechos de los que deben consumir el agua como su máxima forma de expresión de bienestar material.

El Agua: Un Ser Vivo

Finalmente, quisiera decir que el agua es un ente vivo. No es una cosa. Tiene inteligencia, memoria y comportamiento acorde a ellas. La contaminación del agua es la contaminación de todos nosotros. La contaminación del agua externa implica contaminación del agua interna. Somos 70% agua. Si limpiásemos las aguas de nuestro país, habría menos gente enferma. Con el agua podemos curar todas las enfermedades. Sí, he dicho, TODAS las enfermedades. Hasta ahora hemos contaminado 4 de los 5 elementos de la vida: Agua, Espacio, Viento, y Tierra. Solamente nos queda contaminar el fuego. Lo importante es que el fuego no se contamina con la materia. Se contamina con la no-materia: sentimientos, pensamientos, intenciones, valores etc. Una vez que contaminemos el fuego se acabará la civilización humana como la conocemos. Es por eso que el último y más importante instrumento de desarrollo y transformación es la consciencia humana.

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